♣ Sonata de Otoño ♣

Nos sentamos a la sombra de las acacias, en un banco de piedra cubierto de hojas.
Enfrente se abría la puerta del laberinto misterioso y verde.
Sobre la clave del arco se alzaban dos quimeras manchas de musgo, y un sendero umbrío,

un solo sendero, ondulaba entre los mirtos como el camino de una vida solitaria, silenciosa e ignorada.
Sus ojos misteriosos y cambiantes miraban a lo lejos, y me sonó tan extraña su risa, que sentí frío.
¡El frío de comprender todas las perversidades! Me pareció que  ella también se estremecía.

La verdad es que nos hallábamos a comienzos de Otoño y que el sol empezaba a nublarse.

(RAMÓN MARÍA DEL VALLE-INCLÁN,  Sonata de Otoño.)

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