♣ La Dama el Grial ♣

La ví en sueños, pero en todos su detalles.
La contemplé como en la más perfecta de las vigilias, mejor aún,
como ven en éxtasis los santos en el desierto.
Su figura alumbraba, era radiante en su sonrisa, humilde en su hermosura y donosa en su caminar.

Con finos pies enfundados en sandalias, tersas como el acero, hollaba la tierra,
circundada por el horizonte oscuro de la noche.
Sus ropas parecían provenir de las cortes italianas de Venecia quizá o tal vez de Florencia.
Todo encaje, todo boato, todo bordado.

Los ricos vestidos, sutilmente cubrían su cuerpo, como un guante mágico de gamuza, ocultar
el cual no permitía ocultar ninguna de sus formas armónicas, ninguna de sus muchas perfecciones.
Observé que sus cejas resplandecían.
El esplendor que de ellas y sus ojos manaba, no era cualquier brillo, era el bruñir de una luz azulada, crudísima,

como de un fulgor recientemente creado.
Miré con mayor atención: Su bello rostro, enmarcado de luna, era sólo un espejo que reflejaba
un infinito fuego frío, preternatural.
Su pelo era tan líquido como el agua líquida, y tan negro como el cuervo.

[De Silas Colin McGowan (1844-1935)]
Traducido por Julio Enrique Brugos el 01-07-08.

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